
Se trata de la escenografía de la ópera Tristán e Isolda, de Wagner, una de las sorpresas que el Teatro Real nos tenía reservadas para este año. Es una historia de amor, tan poderoso y profundo, que rompe todas las fronteras físicas de los amantes. No debe ser fácil poner sonido a la naturaleza espiritual del amor humano. Wagner lo consiguió de manera sublime en una ópera no apta para impacientes. Y Bill Viola de manera simbólica, ha puesto imágenes a esa historia con cielos, bosques, agua, fuego, cuerpos humanos y maravilla.
Y la innovación tecnológica de
este artista del video nos apabulla también en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en una exposición de
cuatro de sus videos, con obras, absolutamente clásicas, que conviven en total
armonía con los cuadros de Ribera o Goya, y la importante colección que tiene
esa institución, que muchos madrileños, para vergüenza de todos, desconocen. Sobre
el reflejo del dolor y de los sentimientos en los rostros humanos parecía que
se había dicho todo, pero parecer ser que no. No se la pierdan.
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